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Congreso Profundo

Por Alfredo C. González

Primera confidencia

El hombre me citó en el estacionamiento del nivel 4 del sótano del Senado. A mi celular llegó el mensaje contundente, te voy a dar la nota de la 4T. Sin pensarlo acudí  a la cita. Estaba parado viendo al elevador cuando detrás de mi escuché la instrucción de no voltear. La voz me dijo: “El Doctor pactó con el preciso que después del 1 de diciembre se moviera para ser el candidato del 2024”. Ese fue su precio para disciplinarse. Poder operar su proyecto inmediatamente que el preciso tuviera la banda presidencial en su pecho. Le pregunté, sí por esa razón actuaba como el Zar del congreso. Luego dije: ¿El preciso lo dejó a su libre albedrío tirar la bolsa, espiar a los demás senadores, armar una KGB en el Senado, ridiculizar a Martí Bartres las veces que quiere y usar el presupuesto como propio para comprar lealtades? La voz no me contestó. Se fue y me dejó la certeza de que México ya tenía un presidenciable para el 2024, que al igual que sus cuarenta libros, a nadie entusiasma, más que así mismo.

 

Segunda confidencia

Tenían dos semanas de labores en el Senado, cuando la líder de los trabajadores Bertha Orozco Márquez llegó a las cinco de la mañana. Sin más, mandó a un grupo de agremiados a impedir la entrada a la Presidencia de la Mesa Directiva y a la Presidencia de la Junta de Coordinación Política. Unos minutos después llegaron los primeros asesores de los presidentes respectivos. Los del sindicato les dijeron, que esas oficinas estaban tomadas porque sus jefes no respetaban los acuerdos. En veinte minutos llegaron los presidentes y se sentaron a platicar con Doña Bertha y algunos de los suyos. Rápidamente le prometieron el oro y el moro. Se pararon y se despidieron. El Doctor entonces empezó a planear como hacer pedazos al poderoso sindicato. Recordó su tierna juventud en Xicotencatl, cuando en su calidad de simple asesor, la secretaria sindicalizada lo mandaba a comprar tortas para su jefe, se acordó que como legislador opositor, esos, del sindicato siempre habían estado aliados con los presidentes del partido oficial. Enojado, puso en práctica una fina estrategia para despezar a esos “hijos de Ayala”. Al final el dolor fue más grande. No pudo y tuvo que rendirse y entregar a Doña Bertha los puestos directivos en recursos humanos. Será el Zar del Senado, el huyhuyhuy de las tasas de interés de los servicios bancarios, pero no pudo con el sindicato. El dolor por las tortas de pierna y milanesa no ha sanado.

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