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La 4T: ¿un gobierno tóxico?

Por Bernardo Estanislao- 

Como se sabe, las reformas del gobierno de Enrique Peña Nieto en ámbitos como las telecomunicaciones, el sector energético, la educación, o estrategias y proyectos como las zonas económicas especiales o el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, no fueron “vendidas” a la población en toda su dimensión, por sus beneficios e impulso al desarrollo del país.

Un gobierno que invirtió grandes cantidades en publicidad no pudo comunicar lo esencial de su trabajo. Y es que la publicidad no es el camino con su reduccionismo a los slogans publicitarios, sin contenido ni contacto emocional, pues la comunicación política debe combinar la racionalidad y las emociones. Por eso gana la propaganda, con sus irracionalidades y sus emociones negativas.

El gobierno de Peña perdió un debate porque ni siquiera armó un debate. Se conformó con el consenso de las élites y no explicó el rumbo a la población, con políticas públicas entendibles. Su legado no fueron las reformas, de gran calado sin duda, sino haber abierto la puerta al principal enemigo de las reformas, de la modernización y del avance del país.

Sin duda esta enorme derrota política, tuvo que ver también con errores, con soberbia y corrupción. Desde la falta de manejo de la crisis de Iguala-Ayotzinapa hasta el festín de Emilio Lozoya en Pemex, desde el socavón de Cuernavaca hasta la indiferencia para promover la detención de los gobernadores como una lucha contra la corrupción.

Hoy vivimos el proyecto de una Restauración sui generis. Cierto que la 4T busca regresar al modelo autoritario de la Dictadura Perfecta, pero con agregados radicales de “izquierda” maoísta-lumpen, convirtiendo la lucha contra la corrupción en un odio a los privilegios –así sea remuneraciones a la capacidad y la especialidades y no los abusos que se padecieron-, el conocimiento, la técnica, el progreso individual y el mérito.

Sin que se perciba claramente, pero vivimos desde el poder una especie de “Revolución cultural” que quiere destruir un sistema basado en las luces tradicionales de la Ilustración y los valores burgueses liberales. Que busca la igualdad, como una igualación por lo bajo, con todo lo destructivo que esto representa. Con todo lo arbitrario, como apostar a proyectos de infraestructura irrealizables despojando de recursos a los hospitales.

Si la 4T es la Restauración del viejo PRI con ingredientes de izquierda radical populista, estamos frente a un gobierno tóxico que va a contaminar las relaciones políticas, sociales y económicas en las cuales México había avanzado de una manera importante, a pesar de los lastres.

El costo que plantea un gobierno tóxico, ha prendido las luces rojas a sólo seis meses de su instauración. Y una población dormida, indiferente y unas élites que reaccionan como si estuvieran ante un gobierno “normal” con algunas exageraciones, van a terminar por hacer olvidar que le debemos esto al gobierno pasado.

Pues la responsabilidad de evitar el daño y conjurar la toxicidad gubernamental, es ahora nuestra. Nosotros vamos a pagar las consecuencias si no frenamos la Restauración y sus agregados maoístas. Es ya una emergencia.

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