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Los secretos de Hacienda

Por Bernardo Estanislao-

Los secretos de la Secretaría de Hacienda no estaban muy bien guardados, pues se murmuraban en los pasillos de Palacio Nacional, se compartían en los círculos financieros, no había un periodista medianamente enterado que no los supiera. Esta vez, hasta el Presidente de la República no “tenía otros datos”.

El verdadero poder de la SHCP era –es y será- Raquel Buenrostro, la oficial mayor, quien –acordaba- acuerda –y acordará- de manera directa con el Presidente. Junto con él decide ella los recortes, las asignaciones, los gastos, los desvíos presupuestales, el verdadero día a día de las finanzas públicas.

Para estos acuerdos sí ha tenido tiempo el Presidente, de quien es sabido que salvo las mañaneras, las giras de propaganda, las siestas, el béisbol y algunos encuentros también promocionales no le gusta perder tiempo con los asuntos de gobierno. Tomar decisiones en temas de políticas públicas le produce tan mal humor, como los exámenes en la Facultad de Ciencias Políticas donde tardó catorce años en graduarse.

Cuando comenzaba el gobierno hubo una reunión de trabajo –una de las pocas de este gobierno-, pues le presentarían al Presidente el tema de las Zonas Económicas Especiales, con su perspectiva de atraer ocho mil millones de dólares de inversión para impulsar el desarrollo en regiones atrasadas. Si bien era competencia de la Secretaría de Economía, el Presidente invitó también al Secretario de Hacienda.

El funcionario responsable hizo su presentación y terminó anunciando una inversión próxima de tres mil millones de pesos. Esperaba palabras de aliento y satisfacción del Presidente y lo que escuchó fue una pregunta: “¿Usted es corrupto?”. Todos se quedaron fríos. AMLO se levantó, Carlos Urzúa intentó decir algo, pero una mirada presidencial fulminante lo acalló. Todos entendieron. Se acabaron las Zonas Económicas Especiales, a pesar de representar un beneficio real para zonas pobres y marginadas.

En esos días la orden de Urzúa al subsecretario Arturo Herrera fue que ideara un plan de negociación con los poseedores de bonos del NAICM, porque el problema estaba a punto de desbordarse. Herrera lo hizo, pero la inevitable pérdida de miles de millones de dólares para el erario mexicano, le quitó el sueño al Secretario, lo hizo sentirse cómplice de un absurdo, de una aberración financiera –su materia-, lo obligó a hacer declaraciones en contra de su propio punto de vista. Su inconformidad en esto no era un secreto.

Y luego las grillas palaciegas, en las cuales Alfonso Romo, el Jefe de la Oficina de Presidencia, se sintió con el poder de invadir su jurisdicción para imponer en organismos clave del sector a recomendados sin experiencia hacendaria.

No se diga el comportamiento de Rocío Nahle, acordando también con Raquel Buenrostro en total menosprecio al papel de Carlos Urzúa como Secretario de Hacienda, en un acto reflejo de la realidad de este gabinete.

Hasta la directora del SAT manifestaba más lealtad afuera de la Secretaría que con su jefe burocrático. Una vez le denegó una cita de trabajo porque tenía una reunión con alguien muy importante de Morena –en esta administración los apellidos sí tienen peso-.

Muchas gotas derramaron el vaso. Una de las últimas fue el Plan de Negocios de Pemex, autorizado por Rocío Nahle, el cual se presentará en los próximos días y que por su inconsistencia previsible va a influir negativamente en las calificadoras, pues no establece ninguna estrategia real para incentivar la producción y equilibrar el enorme endeudamiento de la empresa, mediante dicho sustento lógico.

Va así Pemex a perder de manera definitiva el grado de inversión y esto terminará por afectar severamente la deuda soberana. Y entonces, junto con los signos de recesión en agosto, seguirán soplando los vientos huracanados que anuncian una Tormenta Perfecta, que se debe evitar y no provocarse.

Pero el problema en realidad no es Rocío Nahle –inepta a todas luces para el puesto desempeñado-, sino el Presidente. Y si él no escuchó nada respecto a sus políticas recesivas, menos lo habría hecho o lo hará en el tema petrolero.

Carlos Urzúa estalló por un cúmulo de razones –los “secretos” de Hacienda- y abandonó un barco que se encamina hacia la Tormenta Perfecta. Pero él ya no va a tener ninguna responsabilidad en el previsible hundimiento.

El nuevo secreto de Hacienda responde a una interrogante: ¿cuánto va a durar en el puesto Arturo Herrera, el Secretario emergente y al que el Presidente descalificaba casi por deporte?

 

 

 

 

 

 

 

2 Comentarios

  • Hernández

    Excelente nota, y es evidente la inestabilidad económica que ha provocado el fanatismo hacia este señor inepto e incapaz, por favor podrían redactar una traducción para sus seguidores? Estoy segura que si es que la llegan a leer, no van a entender los términos, es preocupante lo que está sucediendo, pues más allá de las opiniones que emitimos, realmente estamos encaminados a pagar los platos rotos, total a él que le preocupa si es un experto en evadir y hacerse el loco frente a cualquier cuestionamiento o planteamiento de cualquier problemático, en cualquier tema… todo lo hace improvisadamente, sin experiencia, pericia, ni congruencia, de que le sirve tener en su gabinete, funcionarios con capacidad y un currículum tan completo como era el caso de Ursua, si simplemente no permite que desempeñen sus funciones libremente y basados en su preparación y conocimiento.

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  • Hernández

    Excelente nota, y es evidente la inestabilidad económica que ha provocado el fanatismo hacia este señor inepto e incapaz, por favor podrían redactar una traducción para sus seguidores? Estoy segura que si es que la llegan a leer, no van a entender los términos, es preocupante lo que está sucediendo, pues más allá de las opiniones que emitimos, realmente estamos encaminados a pagar los platos rotos, total a él que le preocupa si es un experto en evadir y hacerse el loco frente a cualquier cuestionamiento o planteamiento problemático, en cualquier tema… todo lo hace improvisadamente, sin experiencia, pericia, ni congruencia, de que le sirve tener en su gabinete, funcionarios con capacidad y un currículum tan completo como era el caso de Urzúa, si simplemente no permite que desempeñen sus funciones libremente y basados en su preparación y conocimiento.

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