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Stanley Kubrick, el cineasta literario

Por Alejandro Briones Galkin-

Stanley Kubrick es uno de los más grandes cineastas del siglo XX. Versátil al escoger sus historias, entendía el cine como un género épico, aunque también era un gran creador de personajes y podía ser intimista.

Pero siempre entendiendo la belleza de la imagen, así fuera al contar la historia de un arribista del siglo XVIII (Barry Lyndon) o de un pandillero del Londres al inicio de los años 70 (Naranja Mecánica); ya se tratara de Espartaco y la rebelión de los gladiadores en la Roma antigua o su Odisea en el espacio, una de las más bellas películas de ciencia ficción jamás filmadas, o la locura en un hotel aislado durante una tormenta de nieve en El Resplandor, o la guerra de Vietnam en Full Metal Jacket.

Y así como la integración de la música clásica a su obra o su gran manejo de actores, son sellos distintivos de sus películas, el aspecto literario de las mismas es también muy importante.

Y es que como cuenta Vicente Molina Foix, en Kubrick en casa (Anagrama), era un director muy culto, un gran lector de novelas que adaptaba y le gustaba trabajar con guionistas que fueran novelistas o hubieran tenido una buena preparación literaria.

Él mismo hizo el guión de dos de sus obras maestras: Barry Lyndon y Naranja mecánica. Y voy a decir una herejía, ambas películas son, desde el punto de vista artístico y con respeto a los géneros, incluso superiores a los dos libros que las inspiraron de William Tackeray y Anthony Burguess.

Recientemente El País informó que el especialista en Kubrick, Nathan Abrams, profesor de cine en la Universidad de Bangor en Gales, hizo el hallazgo de un guión del también autor de Ojos bien cerrados; se trata de la adaptación de una novela de Stefan Zweig, Ardiente secreto, con sus reflexiones sobre el matrimonio, los celos y la infidelidad.

Ya los Archivos Kubrick, custodiados en la Universidad de las Artes de Londres, se han enriquecido con guiones perdidos del cineasta. El más importante es el correspondiente a un proyecto de título El hombre casado.

Comienza con una frase irónica: “El matrimonio es una larga comida que comienza con el postre”. Se podrían rescatar frases de todas sus películas y seguramente muchas son directamente aportaciones literarias del director de cine.

Hay una que rubrica el final de Barry Lyndon: “Fue durante el Reinado de Jorge III cuando los antedichos personajes vivieron y disputaron; buenos o malos, hermosos o feos, pobres o ricos, ahora todos son iguales”. Si consultan el último párrafo de la novela de Tackeray, lo que escribió Stanley Kubrick como final de la historia es sin duda mejor, en su profunda sencillez.

 

 

 

 

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