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La Delegación Cuauhtémoc: la misma gata pero revolcada

Por Jorge Rubio-

La corrupción propia de la 4ª Transformación.

La declarada lucha contra la corrupción, que constituye un pilar de la aprobación ciudadana al Presidente López Obrador; ha alimentado su narrativa en los excesos del pasado, generando anuncios espectaculares con fines estrictamente mediáticos que al paso de los días se diluyen y terminan en meras referencias anecdóticas hasta la fecha.

No obstante, el desprecio por la ley y la soberbia en el ejercicio de gobierno de la nueva clase política en el poder, recupera y alimenta una burocracia ruin y frívola en las estructuras administrativas, tanto en el gobierno federal como en los niveles estatales y municipales.

Los medios de comunicación han dado cuenta del comportamiento de nuevos Gobernadores y de la irresponsabilidad política de la nueva mayoría al aprobar leyes que ajenas a la ética política y contrarias a los propios derechos fundamentales de los ciudadanos, las mismas garantías individuales, como el derecho a la propiedad, la libertad de expresión y tránsito, entre otros temas.

Hoy podemos ilustrar el comportamiento de esta burocracia mezquina y caprichosa con las prácticas administrativas y jurídicas de una Alcaldía en la Ciudad de México: Cuauhtémoc:

La alcaldía en Cuauhtémoc en su Dirección Jurídica a cargo de Adolfo Román Montero ha hecho del hostigamiento administrativo y judicial la práctica privilegiada entre los medios utilizados para imponerse en la jurisdicción de la Alcaldía —particularmente en la Zona Roma, Condesa— sobre los dueños de establecimientos y propietarios de diversos inmuebles en la zona.

Las autoridades de la Alcaldía trabajan en sociedad con la difusa figura de los llamados “representantes vecinales” de tal forma que su soberbia no se vea cuestionada por los vecinos, que en muchas ocasiones, no saben quiénes son o con qué autoridad han sido nombrados dichos representantes de los que deberían ser sus intereses. Este mecanismo resulta en que los funcionarios no rinden cuentas a ninguno de los habitantes o propietarios de sus acciones, aún cuando se trate de obstruir el uso de un bien inmueble por su legítimo dueño.

El mecanismo es el siguiente: Una de estas “dirigentes vecinales”, específicamente en la calle de Tabasco, Colonia Roma Norte, usualmente dedicada a la colecta de cuotas para diversos fines, realiza una denuncia, por supuesto, de manera anónima, aunque los vecinos sepan que se ha tratado de ella a fuerza de la repetición de la operación, lo que desencadena la clausura del departamento y, eventualmente, más de un año de engorrosos litigios a fin de que el propietario ceda ante la presión, los gastos legales o el mero desgaste y proporcione las sumas exigidas por los funcionarios que sostienen el folder indicado en el momento propicio. Los permisos están ahí, expedidos por la propia Alcaldía Cuauhtémoc en su momento y la SEDUVI del Gobierno de la Ciudad de México, pero esto poco importa.

La sorpresa por parte de los propietarios es mayor. El Tribunal de Justicia Administrativa de la Ciudad de México ha resuelto en primera instancia a favor de los propietarios, señalando las ilegalidades cometidas por la Dirección Jurídica a cargo de Román Montero, pero una vez más, poco importa. Como Director Jurídico, Román Montero combate la resolución y exige una revisión por el pleno del Tribunal, el cual evalúa en segunda instancia los hechos jurídicos en cuestión y ratifica la decisión de la primera sentencia en todos sus considerandos, dando un plazo a la Alcaldía para retirar los sellos de clausura y cancelar por improcedente e infundada la multa impuesta a lo que el servidor público se niega. Sí, actúa en abierta rebeldía a una resolución ratificada ya en tribunales… ¿Por qué? Porque el Director Jurídico, Adolfo Román Montero, asegura que “el asunto puede chicanear aún más”. ¿Qué significa “chicanear”? se preguntará cualquiera que no esté familiarizado con las rutinas legales y burocráticas. En fin, “chicanear” quiere decir “entorpecer un juicio” con el fin de alargarlo.

La pregunta subyacente a este evidente desprecio por la ley y las Instituciones de justicia es ¿cómo se puede contener a esta nueva clase política en su irreflexivo actuar? El propietario ha dado seguimiento a una cuestión de lo más común conforme al procedimiento legal que le corresponde, omitiendo los métodos subrepticios establecidos de manera informal y arbitraria por las autoridades, por lo que será necesario dirigirlo al cumplimiento de su voluntad, en este caso la de Adolfo Román, hasta que comprenda cómo se hacen las cosas y se atenga a ello. La ley escrita no importa, de hecho, ocupa un lugar secundario a los métodos y formas alimentados por funcionarios, representantes vecinales y fuerzas policiales.

Las pregunta subyacente a este evidente desprecio por la Ley y las Instituciones de Justicia son: ¿Cómo contener a esta nueva clase política en su irreflexivo actuar? ¿Cómo detener esta corrupción presente en la 4ª Transformación que paradójicamente se ha levantado sobre la “honestidad valiente?

 

 

 

 

 

 

 

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