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¿Por qué no han detenido a Emilio Zebadúa? Ya ni hablar de Carlos Lomelì

Por Bernardo Estanislao-

En una sociedad donde se quiere hacer realidad plenamente la sentencia de George Orwell en Rebelión en la granja: “Todos somos iguales, pero unos son más iguales que otros”, duerme en la cárcel Rosario Robles acusada de un delito no grave, y los responsables de delitos graves de corrupción en el juicio instaurado contra ella, como su propio Oficial Mayor, Emilio Zebadúa González, gozan de libertad.

Se ha hecho público que la operación de desvío de recursos públicos conocida como Estafa
Maestra estuvo dirigida directamente por Emilio Zebadúa, quien organizó dos oficinas alternas a las oficiales para llevar a cabo este delito, además de firmar personalmente varios de los contratos hechizos con Universidades Públicas, utilizados como pantalla para desviar dinero del erario.

Si lo hizo motu proprio o es parte de una trama mayor, no se sabe, salvo que sobre él sí pesa una acusación grave, lo que por lo pronto no sucedió con Rosario Robles. Sin embargo, el hecho escueto es que él no está en la cárcel.

Las malas lenguas, como la del colega Ciro Gómez Leyva, dicen que a Rosario Robles le pesa ser adversaria personal del Presidente. Un caso semejante al de Juan Collado, también parte del complot de las grabaciones exhibidas de René Bejarano.

Mientras que Emilio Zebadúa, ex esposo de Carmen Aristegui, perredista converso cuando AMLO dirigía el Partido, protegido en su tiempo por Elba Esther Gordillo, ex candidato de Nueva Alianza para ser gobernador de Chiapas, y con un hermano fiero partidario del actual Presidente, posiblemente sí sea más igual que otros, sujetos a poderosas venganzas.

Muchos aspiramos a que en México se cumplan las leyes, y que éstas no encubran rencores,
desquites, grillas políticas, circos políticos para distraer de los problemas más serios de la
economía y la seguridad.

Y entonces celebraríamos la justicia en “Estafas Maestras” y, más, en el descubrimiento de redes de corrupción durante la gestión del mismo gobierno, como es el caso de la ya olvidada de Carlos Lomelí, el político que ha hecho fortuna con delitos en la distribución de medicamentos a gobiernos de izquierda, antes con el perredismo, ahora con Morena.
Pero no. Estamos en un mundo orwelliano muy bien tropicalizado, donde unos “son más iguales que otros”.

 

 

 

 

 

 

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