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IT, capítulo dos: mucho ruido, pocas nueces

Por Alejandro Briones Galkin-

Lo que logra Andy Muschietti, el realizador de IT: capítulo dos, no es asustarnos o entretenernos con su larga película de tres horas: es aturdirnos con su ruido.

Al final de cuentas, con el regreso de su amenazante ente, el payaso Pennywise, para cometer sus sanguinarias fechorías en Derry -el poblado indiferente en donde actúa el grupo de los Perdedores-, uno espera que todo acabe, pero no por otra cosa, sino para que cese la ruidosa sucesión de efectos especiales.

IT: Capítulo dos es un sonoro fracaso de 70 millones de dólares. A pesar de la inversión, que se nota y el esfuerzo digamos plástico, es una película que no logra levantar vuelo.

No de trata de una película de terror o gore o de monstruos, ni siquiera de humor involuntario, este filme se puede definir muy rápido: mucho ruido, pocas nueces.

El IT de los 80, sin tanta parafernalia, creaba una presencia angustiante que daba motivos de empatía con el grupo de amigos que superaban sus miedos y frustraciones, sus propias pesadillas y culpas, para enfrentar a un ente cósmico y retorcido del mal.

Ahora el suspenso y la empatía no se produce con el grupo de Perdedores reunidos para enfrentar y acabar con el payaso comeniños.

Se ve que el realizador sabe de cine. En uno que otro momento logra buenas escenas, por ejemplo, el homenaje a David Linch en la visita de la protagonista a su casa de la infancia donde ahora vive una «dulce» anciana, es uno de los mejores. O la reflexión final sobre el papel en la vida del pasado y los recuerdos.

Pero no es suficiente cuando el cineasta se engolosina con su amplio presupuesto para hacer ruidosos efectos especiales.

 

 

 

 

 

 

 

 

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