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Crece la inseguridad mientras el Presidente…bla bla bla bla

Por Redacción-

El país no crece económicamente, pero los índices de violencia e inseguridad sí crecen.

En homicidios dolosos, el índice es pavoroso. En los años más violentos de la guerra con el narcotráfico, durante el gobierno de Calderón, los índices eran de 9.7 (respecto a cada 100 mil habitantes). Con AMLO son ya del 22 y el año no termina.

La extorsión se ha incrementado en 35 por ciento y el secuestro en 40 por ciento. Los robos con violencia se desbordan y la Ciudad de México se está convirtiendo en ese sentido en una de las más peligrosas del país.

López Obrador prometió que a los seis meses de creada su Guardia Nacional, la violencia se reduciría, lo cual ya se demostró era solo palabrería, sin una estrategia, sin método, sin operación para lograrlo.

La llamada Guardia Nacional es solo un amasijo de policías militares y de marinos, sin estructura ni organización. Es ya una entidad fallida, sin ningún resultado.

En lo único que ha tenido éxito el gobierno es en disolver la Policía Federal. Construir no, pero destruir sí se les da.

Y para empeorar las cosas, la «estrategia» o compromiso de no tocar al narco, es uno de los motivos de la oleada de violencia que padece el país. Se llama impunidad y así lo entienden los criminales.

Algo que debe señalarse: la falta de empatía de un Presidente con una sociedad lastimada con la violencia criminal.

La banalización del lenguaje: «Pórtense bien», «Piensen en sus mamacitas», «Que los agarren a chanclazos», «El delito, fuchi, huacala», etcétera.

Y cada vez que dice esto, los periódicos están llenos de referencias de despedazados, de matanzas en las que asesinan niños: en Minatitlán remataron a un bebé, en Ciudad Juárez les dieron 140 balazos a tres niñas, en Sonora incendiaron una casa con niños adentro, etcétera. ¿Y ni así se calla el Presidente?

Su máxima preocupación es que las Fuerzas Armadas no «repriman» criminales. Como le dijo a unos desesperados ciudadanos para justificar no defenderlos de ellos: «son seres humanos». ¡Ah! Menos mal.

Llegó también a ordenar que los miembros de las Fuerzas Armadas aceptaran humillaciones y agresiones de pobladores convertidos en delincuentes. Se dieron 20 casos degradantes, hasta que dijeron basta. Ya van a defenderse para dejar de ser «el payaso de las cachetadas».

Pero todo ello dió oportunidad para una nueva disquisición presidencial sobre el «pueblo bueno y sabio».

Se trata de un presidente sin ideas, solo clichés. Sin estrategia de gobierno, solo propaganda, ocurrencias y maniobras para incrementar su poder personal regalando dinero en efectivo. Un presidente sin empatía con la sociedad que gobierna.

Un presidente que ya logró ser supremo comandante de un desastre que dejó el pasado atrás muy rápido, un desastre que es completamente suyo.

Las encuestas no lo juzgan, pero la historia, que tanto le preocupa, sí lo va a hacer.

 

 

 

 

 

 

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