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¿El gobierno de AMLO reivindica a la Liga Comunista 23 de Septiembre?

Por Bernardo Estanislao-

En el último cumpleaños de Fernando Gutiérrez Barrios, el festejo fue en un restaurante frente al mar. Al irse la mayoría de los invitados se quedó con amigos muy cercanos.

De pronto, mirando el crepúsculo, el célebre policía político conocido como Don Fernando, comenzó a hablar con tono melancólico; de pronto dijo: «No sé si hicimos bien o mal, pues fueron muchos, pero si no lo hubiéramos hecho, otros lo habrian realizado de todos modos.» A los dos días murió.

Don Fernando se refería a su responsabilidad en la llamada guerra sucia de los 70.

Ahora se le da la medalla Belisario Domínguez a Rosario Ibarra de Piedra, madre de un desaparecido en esa guerra sucia de los setenta. Su hijo era militante de la Liga Comunista 23 de Septiembre, uno de los grupos guerrilleros más fuertes y que vivió varias etapas en los setenta hasta ser prácticamente exterminado.

La Liga nació de la fusión de activistas influidos por la Teología de Liberación, la Juventud Comunista y sectores radicalizados del movimiento estudiantil como efecto de la matanza del 10 de junio.

Si bien no fue el único grupo armado, si protagonizó gran parte de la violencia política urbana de esa época y contaba con bases fuertes en el DF, Jalisco, Sinaloa, Sonora, Chihuahua, Nuevo León y otras entidades. Es el grupo con más desaparecidos -una cifra que va de casi quinientos hasta ochocientos según otras versiones- y también fueron cientos los militantes suyos caídos en enfrentamientos.

Los asaltos bancarios eran una de sus actividades para financiarse. Llevaron a cabo una insurrección en los campos agrícolas cercanos a Culiacán conocida como Asalto al cielo, con más bajas que la famosa del EZLN en Chiapas.

También comandos suyos realizaron secuestros de alto impacto; en el intento de uno asesinaron al empresario Eugenio Garza Sada, una herida en la conciencia mexicana, particularmente en el empresariado de Monterrey.

El actual gobierno ha emprendido por su parte una campaña que pareciera querer reivindicar en particular a la Liga Comunista 23 de Septiembre.

Comenzó al llamar Pedro Salmerón, director del INEHRM como «jóvenes valientes» al comando que matara a Garza Sada.

Si bien renunció Salmerón por el escándalo provocado, no hubo un deslinde claro gubernamental. Al contrario, hubo luego un homenaje a guerrilleros que quisieron tomar el cuartel de Madera, de donde la Liga tomó su nombre. Se llevó a cabo en Los Pinos y el organizador fue un ex militante de la Brigada Roja de la Liga, David Cilia.

Después, Gobernación pidió disculpas públicas a una ex guerrillera de la Liga cuyo esposo fue muerto con atroces torturas por miembros del Ejército y la Dirección Federal de Seguridad. Y de remate se premia a Rosario Ibarra.

Lo curioso es que la autocrítica sobre el papel de la lucha armada de los setenta la han realizado los mismos ex militantes de la Liga como Dulce María Sauri, Gustavo Hirales, Hebert Matus, Jorge Poo Hurtado, Jesús Zambrano e incluso un sobreviviente del comando que mató a Garza Sada (Ganso Salvaje publicó el video) quien dijo que esa muerte había sacudido a la guerrilla y Elías Orozco pedía perdón por ella.

El gobierno de AMLO no promueve una reflexión sobre la tragedia política de los setenta, sino un uso parcial de la memoria histórica contemporánea para dejar contentas a sus alas radicales, mientras se entrega a Trump y a oligarcas como Carlos Slim.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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