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Lenin al borde del abismo en Ecuador

¿Cuál salida al populismo en quiebra?

Por Juan Carlos Calleros Alarcón-
Cuando las promesas populistas dejan de cumplirse, ante las exigencias de la realidad económica, el desencanto ciudadano se eleva como el vapor caliente en una olla de presión.
Ecuador es, hoy, una dura llamada de atención a los gobiernos populistas que, como el caso mexicano, siguen prometiendo apoyos sin contar con el presupuesto ni el crecimiento económico para hacerlos viables y sostenidos.
En el caso de Ecuador, la realidad ha alcanzado al presidente ecuatoriano, Lenin Moreno, pues ni el servilismo que mostró ante Estados Unidos, al entregar a Julian Assange a la justicia británica, le ha valido para que sus acreedores le hagan más fácil una salida a la crítica situación económica de su país.
De esta forma, el FMI le exigió un paquete de ajuste económico, que incluye recortes presupuestales y eliminación de subsidios, a cambio de los recursos que precisa para equilibrar la balanza de pagos ecuatoriana.
Pequeño detalle: la eliminación del subsidio a los combustibles ha sido, tradicionalmente, causa de protestas multitudinarias en Ecuador, y en varios otros países de Latinoamérica. Y esta vez no ha sido la excepción.
Lo peor ha sido la represión a las protestas, que ya suman ocho muertos y más de 200 heridos y detenidos a más de una semana de manifestaciones.
Ahora, se han sumado los contingentes de comunidades indígenas de la Amazonia a las protestas. Y en un país donde la mitad de su población pertenece a los pueblos originarios, este escenario pinta para ser el final del gobierno responsable del enojo popular.
Cuando el populismo no puede cumplir sus promesas a los grupos marginados, el resultado es mucho peor, pues el desencanto se suma a la frustración y a la sensación de haber sido traicionados.
Lenin Moreno ha llegado al borde del abismo, pues a pesar del respaldo político de Donald Trump, no habrá solución a las manifestaciones sino hasta que caiga su gobierno, se deroguen los incrementos a los combustibles, y se procese a los responsables de la violenta represión, según han asegurado los conglomerados de protestantes.
Mala señal para los populistas de América Latina: otro gobierno en apuros y otra sociedad en turbulencia ante el exceso de promesas y la falta de recursos para cumplirlas.

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