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La izquierda obradorista pone sus barbas a remojar

Por: Bernardo Estanislao

El presidente AMLO dijo que apoyaba a Evo Morales. Ya no valió su política de «no intervención en asuntos internos» de otro país.

Se trata de identificación ideológica. Para la izquierda, el proclamar una «política a favor de los pobres» mientras se empobrece al país en todos los sentidos, supuestamente da una legitimidad que permite todos los atropellos a la legalidad, a las instituciones de una República, a las libertades y a la democracia.

En Bolivia, la OEA y la ONU expusieron el fraude cometido en los comicios para intentar una nueva imposición en el gobierno de parte de Evo Morales.

La violencia política desatada en las calles de las ciudades bolivianas y la insurrección abierta de la policía, junto con una postura tácita del Ejército, en contra de la renovación dictatorial de Evo Morales, debilitó la posición del autócrata «pobrista». 

Su propuesta de unas nuevas elecciones llegó tarde. El odio sembrado durante años en aras de «primero los pobres», entendido esto como demagogia, atraso de todos y una caricatura de la lucha de clases marxista, tratando de destruir -como en México-  a la clase media, tuvo como resultado a masas incendiando las casas de parientes de Evo Morales o arrastrando por las calles a funcionarios de su partido bañados en pintura roja, acusados de vínculos con el narcotráfico y asesinatos.

Ya no valió la «popularidad» de Evo Morales, ni sus justificaciones demagógicas. Las bases sociales compradas con dádivas durante años tampoco sirvieron. Ni los empresarios corruptos favorecidos por el régimen «socialista y justiciero». Tampoco la prensa y las redes sociales compradas. 

No sé trata en realidad de un golpe de Estado, sino de la debacle de un modelo ideológico y político que, de alguna manera, se quiere también instaurar en México.

Hoy las Yeidkol Polevensky, las Claudias Sheimbaum, los John Ackerman, los Gerardos Noroñas y otros personajes de la izquierda obradorista, claman por un golpe de Estado inexistente en Bolivia, pues se trata de la quiebra de lo que quieren imponer en México.

Hoy se proponen dar asilo en México al dictador boliviano que huyó muerto de miedo después de provocar esta crisis.

En realidad ponen sus barbas a remojar en un inesperado viaje al futuro. No se puede, en representación demagógica de una  mayoría de pobres, humillar a toda una República. 

Dividir a un país tiene consecuencias. Sobajar a una República y sus valores democráticos también. Evo Morales llegó originalmente al poder con una marea de votos. Vean como acabó.

Deberían reflexionar.

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